sábado, 10 de julio de 2010

Roma. Metamorfosis

Apolo se dispone a seguir hablando cuando huye en temerosa
carrera la hija de peneo y lo dejó con la palabra en la boca;
y aún entonces le pareció bonita: el viento desnudaba
su cuerpo, soplos contrarios agitaban el vestido en su dirección
y una ligera brisa hacía retroceder su cabello en movimiento:
la huida aumentaba su belleza. Pero el joven dios no aguanta
más desperdiciar sus requiebros y, tal como le aconsejaba
el mismo Amor, sigue sus huellas a paso desbocado. (...)
Agotadas sus fuerzas, palideció ella y vencida por el esfuerzo
de la rápida huida dijo mirando a las aguas del Peneo:
"¡Ayúdame, padre, si los ríos sois divinidades, echa a perder,
cambiándola, esta figura con la que he gustado demasiado!"
Apenas acabó su plegaria, un pesado sopor invade sus miembros:
una delgada corteza ciñe su tierno pecho,
sus cabellos crecen como hojas, sus brazos como ramas, sus pies ha poco tan veloces se adhieren en raíces perezosas,
en lugar del rostro está la copa: sólo la belleza queda en ella. (...)
Ovidio, Metamorfosis





A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu'el oro escurecían;
de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo 'staban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!
Garcilaso de la Vega






Cuando Gregorio Samsa despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado, se encontró en su cama convertido en un insecto monstruoso. Echaba echado sobre el quitinoso caparazón de su espalda y, al levantar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas durezas, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia.
-¿Qué ha sucedido?
No, no soñaba.
Franz Kafka, La metamorfosis
Fotografía: Bernini, "Apolo y Dafne"

viernes, 9 de julio de 2010

Roma. Polvo y humo

Entonces Yahvéh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente. (...) Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.
La Biblia, Génesis

Somos polvo y sombra.
Horacio




Somos humo.
Inscripción para un hogar




¡Que tú, mientras vivas, puedas sentir estas cosas por mi ceniza!
La muerte, entonces, en modo alguno me sería amarga.
¡Cuánto temo, Cintia, que, despreciada mi tumba,
Amor, injusto, te aparte de mi ceniza
y te obligue, forzada, a enjugar las lágrimas que caigan!
Una muchacha fiel es doblegada por continuas amenazas.
Por eso, mientras nos sea permitido, juntos gocemos como amantes:
un amor nunca es demasiado largo.
Propercio




Mientras por competir con tu cabello
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello,
goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Luis de Góngora




Amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera:
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo

Roma. Carpe diem


Tú no preguntes -¡pecado saberlo!- qué fin a mí, cuál a ti dieron los dioses, Leucónoe, ni las babilonias cábalas consultes. (...) Mientras estamos hablando, habrá escapado envidiosa la edad: aprovecha el día, fiando lo menos posible en el que ha de venir.



Vivir al día.

Horacio



Coge rosas, muchacha, mientras nueva es la flor y nueva tu juventud, y recuerda que tu edad corre tan deprisa como la suya.

Ausonio



Mientras puedas, vive feliz gozando de tus bienes; vive recordando cuán breve es tu vida.



Contento de lo presente, deje el espíritu de inquietarse por lo que ha de venir.

Horacio



Gocemos de las cosas dulces; nuestro es lo que vivimos; pronto serás ceniza, sombra, una fábula.

Persio



Recoged las uvas que penden de cepas llenas.



Coged con mano pronta los frutos que se os escapan.

Ovidio



Vivirá contento y dueño de sí mismo aquel que al cabo de cada día pueda decir: "He vivido."

Horacio



No es inteligente, créeme, decir: "viviré". La vida del mañana está demasiado lejos. Vive hoy.



¿Que vivirás mañana? Ya es tarde, Póstumo, para vivir hoy. El sabio, Póstumo, es el que ya vivió ayer.

Marcial




En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

enciende el corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena

del oro se escogió, con vuelo presto

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto antes que el tiempo airado

cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,

todo lo mudará la edad ligera

por no hacer mudanza en su costumbre.

Garcilaso de la Vega



Apoyándose en la manta esquimal, mirando las velas verdes a través de la copa de vodka (íbamos a ver los peces al Quai de la Mégisserie) era casi sencillo pensar que quizá eso que llamaban la realidad merecía la frase despectiva del Duke, It don't mean a thing if it ain't that swing, pero por qué la mano de Gregorovius había dejado de acariciar el pelo de la Maga, ahí estaba el pobre Ossip más lamido que una foca, tristísimo con el desfloramiento archipretérito, daba lástima sentirlo rígido en esa atmósfera donde la música aflojaba las resistencias y tejía como una respiración común, la paz de un solo enorme corazón latiendo para todos, asumiéndolos a todos. Y ahora una voz rota, abriéndose paso desde un disco gastado, proponiendo sin saberlo la vieja invitación renacentista, la vieja tristeza anacreóntica, un carpe diem Chicago 1929.

You so beautiful but you gotta die some day,

You so beautiful but you gotta die some day,

All I want's a little lovin' before you pass away

de cuando en cuando ocurría que las palabras de los muertos coincidían con lo que estaban pensando los vivos (si unos estaban vivos y los otros muertos). You so beautiful. Je ne veux pas mourir sans avoir compris pourquoi j'avais vécu. (...) Y de golpe, con una desapasionada perfección, Earl Hines proponía la primera variación de "I ain't got nobody", (...)

Julio Cortázar, Rayuela



Fotografía: Maximilien Luce, Quai de la Mégisserie






jueves, 8 de julio de 2010

Roma. La Naturaleza


¡Dichoso aquel que conoce a los dioses del campo, Pan y el viejo Sileno y las ninfas, sus hermanas! (...) Echa mano de los frutos que las ramas o los propios campos le ofrecen benévola y voluntariamente, y no conoce las leyes de hierro, la locura del foro ni los archivos públicos.
Virgilio, Geórgicas
Beatus ille
Dichoso aquél que, lejos de sus ocupaciones, como la primitiva raza de los mortales, labra los campos heredados de su padre con sus propios bueyes, libre de toda usura, y no se despierta, como el soldado, al oír la sanguinaria trompeta de guerra, ni se asusta ante las iras del mar, manteniéndose lejos del foro y de los umbrales soberbios de los ciudadanos poderosos. (...) Le agrada tumbarse unas veces bajo añosa encina, otras sobre el tupido césped; corren entretanto las aguas por los arroyos profundos, los pájaros dejan oír sus quejas en los bosques y murmuran las fuentes con el ruido de sus linfas al manar, invitando con ello al blando sueño. (...) ¿Quién, entre tales deleites, no se olvida de las cuitas desdichadas que el amor conlleva?
Horacio, Epodos
Aurea mediocritas
Más rectamente vivirás, Licinio, si dejas de navegar siempre por alta mar y evitas acercarte demasiado al litoral peligroso, al tiempo que, con cautela, sientes horror ante las borrascas. El que elige la dorada medianía, carece, bien protegido, de la sordidez de una casa vieja; carece, en su sobriedad, de un palacio que cause envidia. (...) En los momentos difíciles muéstrate animoso y fuerte; mas también aprende a replegar las velas hinchadas por un viento demasiado favorable.
Horacio, Odas
Fotografía: Monet






miércoles, 7 de julio de 2010

Roma. De la naturaleza


Expulsado apenas de las partes donde tiene su sede, el semen se retira del resto del cuerpo y, atravesando miembros y órganos, concéntrase en una determinada región de los nervios y excita al momento las partes genitales del cuerpo. Irritadas éstas, se hinchan de semen, y surge el anhelo de expulsarlo contra el objeto delviolento deseo, y el cuerpo busca aquel cuerpo que ha herido el alma de amor.
(...)
Mas no se priva de los frutos de Venus el que evita el amor, antes elige los placeres que están libres de pena. Pues no hay duda de que el goce es más puro para el sano que para el aquejado de pasión. En el momento mismo de la posesión el ardor de los amantes fluctúa incierto y sin rumbo, dudando si gozar primero con las manos o los ojos. Apretujan el objeto de su deseo, infligen dolor a su cuerpo, a veces imprimen los dientes contra los labios amados y los lastiman a fuerza de besos; porque no es puro su placer y un secreto aguijón les instiga a hacer sufrir aquello mismo, sea lo que fuere, de donde surgen estos gérmenes de furor. Pero en el acto amoroso, Venus suspende suavemente el tormento, y la blandura del goce que con él se mezcla refrena los mordiscos. Pues hay la esperanza de que el cuerpo que encendió el fuego de la pasión sea también capaz de extinguir su llama.
(...)
Por fin, cuando el deseo concentrado en los nervios ha encontrado salida, se hace una breve pausa en su violenta pasión. Vuelven luego la misma locura y el mismo frenesí, y porfían en conseguir el objeto de sus ansias, y no pueden descubrir el artificio que venza su mal; así, en profundo desconcierto, sucumben a su llaga secreta.
Lucrecio, De la naturaleza
Se querían
Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.
Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.
Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.
Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.
Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.
Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.
Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.
Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.
Vicente Aleixandre, La destrucción o el amor
Fotografía: Gustav Klimt, El beso

martes, 6 de julio de 2010

Grecia. Tragedia. Antígona

Creonte.-Y tú dime, no por extenso, sino brevemente, ¿sabías que había sido decretado no hacer eso?
Antígona.-Lo sabía. ¿Cómo no había de saberlo, cuando era cosa pública?
Creonte.-Entonces, ¿te atreviste a transgredir estas leyes?
Antígona.-No fue Zeus en modo alguno el que decretó esto, ni la Justicia, que cohabita con las divinidades de allá abajo; de ningún modo fijaron estas leyes entre los hombres. Y no pensaba yo que tus proclamas tuvieran una fuerza tal que siendo mortal se pudiera pasar por encima de las leyes no escritas e inmutables de los dioses. No son de hoy ni de ayer, sino de siempre estas cosas (...) más bien, si el cadáver del nacido de mi madre consintiera yo en dejarlo insepulto, de eso sentiría pesar, pero de esto ahora no me duelo. Y si a ti te parece que ahora estoy llevando a cabo una empresa loca, quizá en cierto modo para un loco es para quien estoy siendo culpable de locura. (...)
A todos los que aquí están podría decirse que esto les agrada, si no fuera que les cierra la boca el miedo. Pero la tiranía, entre otras muchas ventajas, tiene la de poder hacer y decir lo que quiere.
Sófocles, Antígona
http://www.youtube.com/watch?v=gOgBoIbG3Rg





¿Por qué la historia de Antígona ha interesado a los dramaturgos de todas las épocas? George Steiner propone una respuesta convincente: porque reúne los cinco grandes conflictos posibles que puede asumir una obra dramática. Y es muy cierto, ya que Antígona padece en carne propia ser mujer (conflicto entre hombres y mujeres) y adolescente (entre jóvenes y viejos), estar sola (entre un individuo y una sociedad), ser devota (entre dioses y humanos) y piadosa (entre vivos y muertos). Sería, por tanto, la obra teatral que modela el drama universal de la lucha dialéctica entre contrarios.
Jordi Balló y Xavier Pérez, La semilla inmortal




http://www.youtube.com/watch?v=mn79n1NsSkk

En el eje de la historia resultaba decisivo que en el pretérito la madura y enérgica Vienna (Joan Crawford) hubiese perdido al pistolero Johnny Logan (Sterling Hayden) y, por un proceso de sustitución, se hubiera dedicado como prostituta a ganar el dinero suficiente para construir un saloon; (...)
Javier Coma, Diccionario del western clásico

lunes, 5 de julio de 2010

Grecia. Tragedia. Edipo

Edipo.- ¿Y cómo el lecho de mi madre es preciso que yo no tema?
Yocasta.-¿Por qué habría de sentir miedo el hombre, cuando por lo que a él respecta son los acaeceres del azar quienes tienen poder, y su previsión de nada es clara conocedora? Lo mejor es vivir al azar, en la medida que uno pueda. Tú ante las bodas con tu madre no sientas temor. Muchos ya entre los mortales han compartido el lecho con su madre también en sueños. Sin embargo, aquél para el que estas cosas nada valen, ése con absoluta facilidad lleva adelante su vida.
Edipo.-Bien habría sido dicho todo esto por tu parte, si no siguiera en vida la que me engendró. Pero en cambio, puesto que aún vive, absoluta necesidad hay de sentir miedo, aunque bien hables.
Sófocles, Edipo rey





Conjunto organizado de deseos amorosos y hostiles que el niño experimenta respecto a sus padres. En su forma llamada positiva, el complejo se presenta como en la historia de Edipo rey: deseo de muerte del rival que es el personaje del mismo sexo y deseo sexual hacia el personaje del sexo opuesto. En su forma negativa, se presenta a la inversa: amor hacia el progenitor del mismo sexo y odio y celos hacia el progenitor del sexo opuesto. De hecho, estas dos formas se encuentran, en diferentes grados, en la forma llamada completa del complejo de Edipo.
J. Laplanche, J.-B. Pontalis, Diccionario de psicoanálisis






(...) El asesino se despertó antes del amanecer,
Se puso las botas.
Utilizó un rostro de la antigua galería
Y bajó al vestíbulo.
Llegó a una puerta
Y miró hacia el interior.
"-¿Padre?"
"-¿Sí, hijo?-"
"-Quiero matarte-"
"-¡Madre! Quiero..."
The Doors, "The end"

http://www.youtube.com/watch?v=QHFK1yKfiGo