miércoles, 30 de junio de 2010

Grecia. La Edad de Oro



Ahora si quieres te contaré brevemente otro relato, aunque sabiendo bien -y tú grabátelo en el corazón- cómo los dioses y los hombres mortales tuvieron un mismo origen.
Al principio los Inmortales que habitan mansiones olímpicas crearon una dorada estirpe de hombres mortales. Existieron aquellos en tiempos de Cronos, cuando reinaba en el cielo; vivían como dioses, con el corazón libre de preocupaciones, sin fatiga ni miseria; y no se cernía sobre ellos la vejez despreciable, sino que, siempre con igual vitalidad en piernas y brazos, se recreaban con fiestas ajenos a todo tipo de males. Morían como sumidos en un sueño; poseían toda clase de alegrías, y el campo fértil producía espontáneamente abundantes y excelentes frutos. Ellos contentos y tranquilos alternaban sus faenas con numerosos deleites. Eran ricos en rebaños y entrañables a los dioses bienaventurados.
Hesíodo, Los trabajos y los días




Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío.
Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano, y alcanzarle de las robustas encinas que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían.
En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquier mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo.
Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo.
Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía por todas las partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían.
(...) No había la fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen.
(...) no había que juzgar, ni quien fuese juzgado.
Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

Imagine there's no Heaven

It's easy if you try

No hell below us

Above us only sky

Imagine all the people

Living for today

Imagine there's no countries

It isn't hard to do

Nothing to kill or die for

And no religion too

Imagine all the people

Living life in peace

You may say that I'm a dreamer

But I'm not the only one

I hope someday you'll join us

And the world will be as one

Imagine no possessions

I wonder if you can

No need for greed or hunger

A brotherhood of man

Imagine all the people

Sharing all the world

You may say that I'm a dreamer

But I'm not the only one

I hope someday you'll join us

And the world will live as one

John Lennon, "Imagine"

http://www.youtube.com/watch?v=6GAHFrLAxzM



Grecia.









Que cada cual sea a su manera griego, pero que lo sea.
Goethe


Afirmamos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con grandes tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo... Un automóvil rugiente que parece que corre sobre la metralla es más bello que la "Victoria de Samotracia".


Marinetti, Manifiesto futurista

Grecia. Hesíodo. Dioses. La mujer

¡Salud, hijas de Zeus! otorgadme el hechizo de vuestro canto. Celebrad la estirpe sagrada de los sempiternos Inmortales, los que nacieron de gea y del estrellado Urano, los que nacieron de la tenebrosa Noche y los que crió el salobre Ponto. (...)
En primer lugar existió el Caos. Después Gea la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los Inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo. (...) Por último, Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos. (...)
Hesíodo, Teogonía


Al instante, de tierra moldeó el ilustre Patizambo una figura tal como de candorosa doncella de acuerdo con los designios del Crónida. La vistió y engalanó la diosa de ojos glaucos Atenea. Sobre su pecho colocaron las divinas Gracias y la venerable Persuasión collares de oro. Y las Horas de hermosas melenas la coronaron con flores de primavera. De ajustar a su cuerpo todo el tocado se encargó Palas Atenea. Y el mensajero Matador de Argos implantó en su pecho falsedades, palabras taimadas y un voluble carácter según las órdenes de Zeus, de sordo retumbo. Le infundió el habla el heraldo de los dioses, y llamó a esta mujer Pandora, porque todos los que tienen mansiones olímpicas le dieron su regalo, desdicha para los hombres comedores de pan. (...)
El caso es que antes vivían sobre la tierra las tribus de los hombres lejos de los males, tanto del duro trabajo como de las angustiosas enfermedades, que traen a los hombres la muerte. Pero la Mujer, al levantar con sus manos la gran tapade la tinaja, los esparció y trajo a los hombres calamidades terribles.
Hesíodo, Los trabajos y los días

Grecia. Homero


Viejo y ciego, Homero invernaba en Samos (...) Homero se acercaba, seguido de los niños, a las casas de los ricos de Samos. Anunciaba que sus puertas estaban a punto de abrirse por sí solas, y que donde había riqueza entraría riqueza, y con la riqueza "el ánimo fiel y la buena paz". El aedo canta, el rico se asoma y da una ofrenda al viejo con su séquito de chiquillos. Y, aunque no dé nada, poco importa. Homero volverá, como las golondrinas. Pero debe irse, porque su morada es errante. Un día Homero se fue para siempre, y los niños de Samos siguen entonando, en las fiestas de Apolo, su canto de mendigo a la puerta de los ricos.
(...)
La salida de la opacidad profana, la intensificación de la vida hacia cualquier dirección, hacia el honor o la muerte, la victoria o el sacrificio, las bodas o la súplica, la iniciación o la posesión, la purificación o el luto, hacia todo lo que escuece y exige un significado, era caracterizada por los griegos por la aparición de vendas ondulantes de lana; en su mayoría blancas o rojas, anudadas alrededor de la cabeza, de los brazos, de un ramo, de una proa, de una estatua (...) ¿Qué anunciaban esas vendas, esas cintas? Un excedente, una estela fluctuante que se sumaba a un ser o a una cosa. Y al mismo tiempo una atadura que ligaba ese ser o esa cosa. (...)
Pero ¿qué era ese vínculo? Era el momentáneo aflorar a la luz de una malla de esa red invisible que envuelve el mundo, que desciende del cielo a la tierra, los une y oscila al viento. Los hombres no podrían soportar ver perennemente esa red en su totalidad: se enredarían inmediatamente en ella y les ahogaría. Pero cada vez que alguien actúa o sufre -pero todo actuar es un sufrir, y todo sufrir es un actuar- algo exaltante, que evoca la intensidad y el sentido, afloran las vendas. (...)
Todas estas vendas, estas cintas aldas y vanas eran nervios del nexus rerum, de la conexión del todo con el todo, que es la única que da un sentido a la vida. (...) Pero no siempre podemos verlas ni debemos intentarlo, porque quedaríamos paralizados o prisioneros. Las sentimos revolotear alrededor de nosotros apenas algo rompe la indiferencia y nos damos cuenta de que somos arrastrados por una corriente que mana desde arriba. Y sólo en raras ocasiones las vendas se tuercen y se enredan alrededor de nosotros apenas algo rompe la indiferencia y nos damos cuenta de que somos arrastrados por una corriente que mana desde arriba. Y sólo en raras ocasiones las vendas se tuercen y se enredan alrededor de nosotros hasta que su extremo libre se anuda a otro extremo libre. Entonces estamos dulcemente asediados por las vendas, que forman un círculo. Y eso es la corona, lo perfecto.
Roberto Calasso, Las bodas de Cadmo y Harmonía

lunes, 28 de junio de 2010

Grecia. Homero. El arte

Arte poética
Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,
ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.
Jorge Luis Borges

Grecia. Homero. La nostalgia y el retorno.

¡Feliz quien, como Ulises, ha hecho un largo viaje,
igual que aquél que conquistó el toisón,
y ha regresado luego, sabio y lleno de experiencia,
para vivir entre su gente el resto de sus días!
¿Cuándo volveré a ver, ay, de mi pequeño pueblo
humear la chimenea, y qué estación será
cuando vea de nuevo el jardín de mi pobre casa,
que es para mí todo un reino, y mucho más aún?
Amo más la morada que erigieron mis abuelos
que de los palacios romanos las soberbias fachadas;
más que el mármol duro amo la arcilla fina,
más mi Loira galo que el latino Tíber,
más mi pequeño Lire que el alto Palatino,
y más que el aire del mar la dulzura angevina.

Joachim du Bellay


Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,
pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.
Pide que tu camino sea largo.

Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar, y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuando puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en la memoria.

Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;

y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te regaló un hermoso viaje.

Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.

Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Ítacas.
Konstantino Kavafis

Quan surts per fer el viatge cap a Itaca

has de pregar que el camí sigui llarg,

ple d'aventures, ple de coneixences.

Has de pregar que el camí sigui llarg,

que siguin moltes les matinades,

que entraràs en un port que els teus ulls ignoraven,

i vagis a ciutats a aprendre dels que saben.

Tingues sempre al cor la idea d'Itaca.

Has d'arribar-hi, és el teu destí,

però no forcis gens la travessia.

És preferible que duri molts anys

que siguis vell quan fondegis l'illa,

ric de tot el que hauràs guanyat fent el camí

sense esperar que et doni més riqueses.

Itaca t'ha donat el vell viatge,

sense ella no hauries sortit.

I si la trobes pobre, no és que Itaca

t'hagi enganyat. Sabi com bé t'has fet

sabràs el que volen dir les Itaques.

Adaptación de Lluís Llach sobre una versión de Carles Riba de "Itaca" de Kavafis

http://www.youtube.com/watch?v=hNVJpIRt_JQ

Mercè

Mercè,

Palma m'és llunyana

sóc lluny dels carrers

lluny dels ametllers

i d'aquells carrers que clou la murada.

Mercè,

lluny del teu esguard

i del vent tranquil

de la casa clara.

Mercè,

Lluny d'aquells terrats

on els gorrions s'estimen i canten,

i les monges estenen

els pecats del món i la roba blanca.

I un frare balla

arran de teulada

esperant prendre el vol

cap al cel tan blau

faldilles en l'aire.

Mercè,

taronges i flors damunt de la taula,

les gavines t'acompanyin

el lent caminar cap a l'horabaixa.

Sempre tornaré

a la nostra platja

les ones no em deixen, mu mare,

allunyar-me'n massa.

Maria del Mar Bonet

http://youtube.com/watch?v=nskvt2Q6vjU

Volver

Yo adivino el parpadeo

de las luces que a lo lejos

van marcando mi retorno.

Son las mismas que alumbraron

con sus pálidos reflejos

hondas horas de dolor.

Y aunque no quise el regreso

siempre se vuelve al primer amor.

La quieta calle donde el eco dijo:

"Tuya es su vida, tuyo es su querer"

bajo el burlón mirar de las estrellas

que con indiferencia hoy me ven volver.

Volver,

con la frente marchita,

las nieves del tiempo

platearon mi sien.

Sentir,

que es un soplo la vida,

que veinte años no es nada,

que febril la mirada

errante en las sombras

te busca y te nombra.

Vivir,

con el alma aferrada

a un dulce recuerdo

que lloro otra vez.

Tengo miedo del encuentro

con el pasado que vuelve

a enfrentarse con mi vida.

Tengo miedo de las noches

que, pobladas de recuerdos,

encadenen mi soñar.

Pero el viajero que huye,

tarde o temprano detiene su andar.

Y aunque el olvido que todo destruye

haya matado mi vieja ilusión,

guardo escondida una esperanza humilde

que es toda la fortuna de mi corazón.

Alfredo Le Pera

http://www.youtube.com/watch?v=I5JQ1m3mxKw

En Junín o en Tapalquén refieren la historia. Un chico desapareció después de un malón; se dijo que lo habían robado los indios. Sus padres lo buscaron inútilmente; al cabo de los años, un soldado que venía de tierra adentro les habló de un indio de ojos celestes que bien podría ser su hijo. Dieron al fin con él ( la crónica ha perdido las circunstancias y no quiero inventar lo que no sé) y creyeron reconocerlo. El hombre, trabajado por el desierto y por la vida bárbara, ya no sabía oír las palabras de la lengua natal, pero se dejó conducir, indiferente y dócil, hasta la casa. Ahí se detuvo, tal vez porque los otros se detuvieron. Miró la puerta, como sin entenderla. De pronto bajó la cabeza, gritó, atravesó corriendo el zaguán y los dos largos patios y se metió en la cocina. Sin vacilar, hundió el brazo en la ennegrecida campana y sacó el cuchillito de mango de asta que había escondido ahí, cuando chico. Los ojos le brillaron de alegría y los padres lloraron porque habían encontrado al hijo.
Acaso a este recuerdo siguieron otros, pero el indio no podía vivir entre paredes y un día fue a buscar su desierto. Yo querría saber qué sintió en aquel instante de vértigo en que el pasado y el presente se confundieron; yo querría saber si el hijo perdido renació y murió en aquel éxtasis o si alcanzó a reconocer, siquiera como una criatura o un perro, los padres y la casa.

Jorge Luis Borges, "El cautivo"

Odisea, libro vigésimo tercero

Ya la espada de hierro ha ejecutado

La debida labor de la venganza;

Ya los ásperos dardos y la lanza

La sangre del perverso han prodigado.

A despecho de un dios y de sus mares

A su reino y su reina ha vuelto Ulises,

A despecho de un dios y de los grises

Vientos y del estrépito de Ares.

Ya en el amor del compartido lecho

Duerme la clara reina sobre el pecho

De su rey pero ¿dónde está aquel hombre

Que en los días y noches del destierro

Erraba por el mundo como un perro

Y decía que Nadie era su nombre?

Jorge Luis Borges

Grecia. Homero. El reconocimiento


El reconocimiento o anagnórisis es el paso de la ignorancia al conocimiento. Provoca amistad u odio en quienes están destinados a la felicidad o a la desdicha.
(...) los reconocimientos que resultan de la peripecia son mejores, como el caso de Ulises en la escena del baño.
Aristóteles, Poética
Así dijo; la anciana tomó un caldero reluciente y le lavaba los pies; echó mucha agua fría y sobre ella derramó caliente. Entonces Odiseo se sentó junto al hogar y se volvió rápidamente hacia la oscuridad, pues sospechó enseguida que ésta, al cogerlo, podría reconocer la cicatriz y sus planes se harían manifiestos. La anciana se acercó a su soberano y lo lavaba. Y enseguida reconoció la cicatriz que en otro tiempo le hiciera un jabalí con su blanco colmillo. (...) La anciana tomó entre las palmas de sus manos esta cicatriz y la reconoció después de examinarla. (...) El gozo y el dolor invadieron al mismo tiempo el corazón de la anciana y sus dos ojos se llenaron de lágrimas (...) "Sin duda eres Odiseo, hijo mío: no te había reconocido antes de ahora (...)
Homero, Odisea, El reconocimiento por la cicatriz
Entonces un perro que estaba tumbado enderezó la cabeza y las orejas, el perro Argos, a quien el sufridor Odiseo había criado, aunque no pudo disfrutar de él, pues antes se marchó a la divina Ilión. (...) Cuando vio a Odiseo cerca, entonces sí que movió la cola y dejó caer sus orejas, pero ya no podía acercarse a su amo. Entonces Odiseo, que lo vio desde eljos, se enjugó una lágrima (...) Y a Argos le arrebató el destino de la negra muerte al ver a Odiseo después de veinte años.
Homero, Odisea, Argos reconoce a Ulises
(...) Mas anda, Euriclea, ve y tiende su lecho
allá dentro, en la sólida alcoba nupcial construida
en un tiempo por él; pon la recia armazón y haz su cama
sobre ella con pieles y mantos y colchas vistosas."
Tal habló tanteando al marido, mas hete aquí que Ulises
irritado le dijo a su esposa, la fiel y discreta:
"¡Oh mujer! Lo postrero que has dicho es lo más doloroso:
¿quién mi lecho cambió de lugar? (...)
Ningún hombre viviente y mortal ni en su edad más lozana
removido lo hubiera: tenía la labor de aquel lecho
su secreto y su marca y lo hice yo mismo y no otro. (...)
Tal le dijo y en ella quebró el corazón: flaquearon
las rodillas oyendo el preciso relato de Ulises;
rompió en llanto, a su encuentro corrió con los brazos tendidos
y estrechando su cuello le besaba el rostro y decía: (...)
Pero ahora que acabas de dar tan precisas y claras
las señales de aquel lecho nuestro que nunca vio nadie
sino sólo los dos y la hija de Actor, la sierva
que mi padre me dio cuando vine a esta tierra y que en tiempos
custodiaba las puertas del tálamo hermoso, mi alma
se ha sentido rendida ante ti con ser ella tan dura."
Así es como reencontramos en el John Wayne que regresa a casa en "The searchers" ("Centauros del desierto", 1956) toda la carga emocional de un Ulises insólitamente surgido del inconsciente creativo (...)
Jordi Balló, Xavier Pérez, La semilla inmortal. Los argumentos universales en el cine.